"La mente es cómo un artista, capaz de pintar los mundos. Todo lo percibido surge del mismo funcionamiento de la mente. No hay nada que no surja de ella. Si la gente comprende cómo funciona la mente creando y pintando toda esa clase de mundos, será capaz de percibir a Buda y comprender su verdadera naturaleza."
Avatamsaka Sutra.

LA MEDITACIÓN ES SANA

Las últimas investigaciones neurocientíficas demuestran que la práctica milenaria orienta el cerebro hacia la felicidad y potencia el sistema inmune.

ANGELA BOTO, El Mundo.
La conocida imagen de Buda sentado bajo un árbol en estado de Iluminación tras un largo periodo de meditación ha pasado de los antiguos centros de culto a los modernos templos de la ciencia; los mas sofisticados laboratorios de investigación neurobiológica. Buda a través de sus discípulos entre los cuales se encuentra nada menos que el actual Dalai Lama ha puesto a disposición de los científicos la corona que representa su séptimo chakra para que éstos escudriñen lo que ocurre en cerebro de los que practican meditación. Gracias a esta peculiar colaboración se ha descubierto que la técnica milenaria no solo es un buen antídoto contra el estrés, sino que modifica la configuración del cerebro de forma permanente de modo que los que la practican dan preferencia en su vida a las emociones positivas y tienen una mayor capacidad de adaptación ante los acontecimientos.
Pero quizás el efecto más impactante de la meditación desde el punto de vista biológico es que potencia el sistema inmune.


La meditación se emplea desde hace más de 3.000 años. Durante mucho tiempo se consideraba una práctica reservada a los budistas, a seguidores de filosofías como el Zen o incluso a personas con un cierto toque esnob. Sin embargo, la lista de adeptos ha ido creciendo en los países occidentales en los últimos años hasta alcanzar una cifra que ronda los 10 millones en EEUU. Estas personas, lejos de tratarse de fieles religiosos, son profesionales de todo tipo agobiados por el estrés. Pacientes a los que sus médicos recetan unas sesiones de exploración interior para mejorar o prevenir el dolor o individuos interesados en profundizar en si mismos y aprender a manejar sus emociones. Los estadounidenses pueden acceder a cursos o sesiones de meditación en los colegios, los hospitales, en instituciones oficiales y prisiones. En España existen centros donde se pueden aprender diferentes técnicas, pero esta todavía lejos de ser considerada una herramienta terapéutica.



El interés de los científicos por la meditación comenzó hace ya algunos años. En las décadas de los 60 y los 70 se había demostrado que el uso de estas técnicas proporcionaba una extraordinaria concentración. Un profesor de medicina de la Universidad de Harvard, Herbert Benson, a través de sus investigaciones llego a la conclusión de que la práctica milenaria contrarresta los mecanismos cerebrales asociados al estrés.
Sin embargo, el verdadero salto, y sobre todo su divulgación masiva, han llegado de la mano de una colaboración muy peculiar. El decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso, ha puesto a disposición de los neurocientíficos occidentales su cerebro y el de sus monjes. De este modo, los religiosos se han visto con el cráneo repleto de electrodos de los sensibles instrumentos de que se dispone en la actualidad para fotografiar lo que ocurre en sus redes neuronales cuando practican meditación.



En esta aventura se embarcaron eminentes investigadores de numerosas instituciones. Uno de los más activos en los últimos años ha sido Richard Davidson de la Universidad de Wisconsin, en EEUU. Sus trabajos no solo se han hecho famosos por contar con un Nobel de la Paz como sujeto de experimentación, sino porque los resultados aportan datos interesantes y sorprendentes sobre la práctica milenaria. “Nuestros resultados indican que la meditación tiene efectos biológicos. Produce cambios en el cerebro asociados a emociones mas positivas y mejoras en la función inmune”.
Daniel Goleman, autor de numerosos libros sobre inteligencia emocional y de Emociones destructivas fruto del encuentro del Dalai Lama con los científicos, explicó a este suplemento que “lo importante es que la meditación cambia la base de las emociones” y añadió que los resultados de los experimentos “tienen importantes implicaciones para la gente a la hora de valorar sus beneficios”.



Los estudios neuronales demuestran un incremento de actividad en el lóbulo frontal izquierdo, que es la residencia de las emociones positivas. Al mismo tiempo se reduce el funcionamiento de la región derecha. Probablemente se preguntarán en qué cambia esta realidad cerebral la vida diaria, pues bien, los neurocientíficos han observado que las personas que emplean mas la zona izquierda tardan menos tiempo en eliminar emociones negativas y la tensión que pueden provocar, por ejemplo un atasco o una discusión con el jefe. Este desequilibrio entre los hemisferios conlleva también una reducción del miedo y la cólera.
Las investigaciones en los monjes budistas con años de experiencia en la meditación indican que éstos tienen una actividad significativamente mayor en el lóbulo izquierdo que las personas que no practican esta técnica. La duda que se planteaba en los estudios con monjes fue si sus cerebros ya eran de partida diferentes y por ello, los hallazgos resultaban tan llamativos. Para resolver el dilema, Davidson y su equipo decidieron investigar con personas de la calle sin experiencia alguna en las técnicas de meditación.



Los resultados confirmaron que no es necesario ser un consumado meditador para disfrutar de sus beneficios y que el cerebro de los monjes no era la causa de las observaciones. Los individuos que practicaban regularmente habían desarrollado, al igual que los religiosos, mayor actividad en el lado izquierdo del lóbulo frontal. Sin embargo, las excelencias de la meditación no se quedaron ahí porque los científicos comprobaron también en este grupo de voluntarios que el sistema inmune de aquellos que se habían entregado a la exploración interior era más potente que el de sus compañeros.
Las posibilidades de la meditación están todavía por explorar. Davidson y su equipo tienen en marcha un trabajo con pacientes depresivos “del que aún no tenemos resultados”. Sin embargo, John Teasdale de la Unidad de Ciencias Cognitivas y del Cerebro en Cambridge (Reino Unido) ya dispone de datos. Este investigador ha encontrado que la combinación de meditación introspectiva con terapia cognitiva reduce a la mitad las recaídas de los pacientes depresivos crónicos.



En el Centro Clínico Essen-Mitte en Alemania, los médicos han empleado durante cinco años un programa de meditación introspectiva antiestrés diseñado por Jon Kabat-Zinn, un investigador de la Universidad de Massachussets y autor de numerosos libros sobre este tema, en casi 3000 pacientes con patologías entre las que se incluye en cáncer. La experiencia no se planteo como un ensayo clínico, de modo que no existen datos objetivos de los resultados, pero los facultativos observaron que la mayoría de los individuos experimentaba mejorías significativas en su enfermedad.



Hasta aquí algunos de los potenciales usos terapéuticos o preventivos de la meditación. Sin embargo, tanto el planteamiento budista como el de otras tendencias orientales en las que se emplea regularmente esta práctica, va más allá. Su uso está asociado a un cambio de percepción de la realidad y a estimular los procesos de conciencia, algo que también interesa extraordinariamente a los científicos y que Goleman define como “conocimiento” de la existencia.



Uno de los personajes que parece aprovechar este aspecto de la meditación para sus creaciones es David Lynch; el famoso director de la serie Twin Peaks o de películas como Terciopelo azul confiesa que consagra 90 minutos diarios a meditar desde 1973 y según recoge la revista Time añade: “Consigo más ideas en niveles de conciencia más y más profundos y además, tienen más claridad y poder”. Lo que parece evidente es que este tipo de investigaciones se encuadren de lleno en la tendencia actual de lo que se denomina medicina integral o en un contexto más amplio, el estudio de la interacción mente-cuerpo. Después de siglos de divorcio entre estos dos aspectos que describen al ser humano, “los nuevos datos que proporcionan las neurociencias están derribando el dualismo cartesiano”, afirma Goleman. “El cerebro junta las emociones y los pensamientos. Los mismos circuitos que nos permiten pensar, nos permiten sentir”, añade. Aunque explica que “el Dalai Lama insiste en que los científicos pueden saber todo sobre el cerebro pero algunos niveles de conciencia no están limitados a este órgano”. Quizá en las próximas décadas la neurociencia tendrá que traspasar los límites del cráneo.

La mística de la red neuronal

Los cambios cerebrales que produce la práctica habitual de la meditación tienen algunos puntos en común con los que se observan en el estado de iluminación o éxtasis místico. Lo cual no es extraño puesto que una de las vías para alcanzar el más alto nivel de abstracción es la meditación, como fue el caso de Buda, pero no es ni mucho menos el único. En Oriente y en Occidente. Desde las tribus africanas con sus danzas hasta Santa Teresa de Jesús entregada a la oración, pasando por el ascetismo de los yoguis y por los chamanes indios bajo los efectos del peyote, todos buscan alcanzar el éxtasis y con él entrar en contacto con su dimensión espiritual. En su libro La Conexión divina, Francisco J.Rubia, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, repasa todas las investigaciones realizadas al abrigo de una nueva disciplina denominada neuroteología, cuyo objetivo es desvelar los mecanismos neurobiológicos de las experiencias místicas. “La conexión divina se encuentra en ciertas áreas del lóbulo temporal”, afirma Rubia. Al igual que ocurre con la meditación, esta región está desactivada en el momento del éxtasis. La consecuencia es la pérdida del sentido de unicidad y el sentimiento de unión con el resto del universo. Además, la estimulación del lóbulo temporal deja vía libre al mundo de las emociones y de la sensorialidad. Al mismo tiempo, se desconectan todos los circuitos cerebrales situados en los lóbulos parietales que limitan y clasifican todo lo que viene del exterior. Así, el individuo entra en un estado en el que percibe con extraordinaria intensidad y riqueza todo lo que le rodea. Se pierde el sentido del espacio y del tiempo y es frecuente que se visualicen imágenes extraordinariamente luminosas. Comparada con la meditación, “la iluminación es un salto cualitativo”, asegura Rubia y añade que se ha visto que la cualidad del éxtasis es un cambio de comportamiento inmediato en la persona que lo experimenta. “Se vuelve mas compasiva”, añade. Curiosamente esta es una de las cualidades que destacan Davidson y Goleman de los budistas con los que han trabajado.



En principio cualquier persona tiene la capacidad de vivir este tipo de experiencias espirituales profundas. Sin embargo, tal como señala Rubia, parece que la gran importancia que se ha dado fundamentalmente en Occidente al pensamiento racional y analítico ha adormecido los centros neuronales que sirven de enlace con esa otra realidad. Otras culturas por el contrario, han dado un gran valor a esta capacidad y la han cultivado.


Artículo extraído del suplementodominical de EL MUNDO. Escrito por Angela Boto.


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