"La mente es cómo un artista, capaz de pintar los mundos. Todo lo percibido surge del mismo funcionamiento de la mente. No hay nada que no surja de ella. Si la gente comprende cómo funciona la mente creando y pintando toda esa clase de mundos, será capaz de percibir a Buda y comprender su verdadera naturaleza."
Avatamsaka Sutra.

ECOLOGÍA PROFUNDA

La edición de este mes de The Ecologist en castellano gira sobre la ecología profunda. Este es un extracto de la editorial:

¿QUÉ ECOLOGÍA QUEREMOS?
La palabra ecología empieza a estar ya muy devaluada. Desde hace tiempo, la utilizan ya incluso aquellos cuyas conductas más se alejan de lo que serían unos hábitos ecológicos ideales. Nos referimos, especialmente, a determinas empresas, determinados políticos, a determinadas instituciones internacionales…
A la palabra ecología le ha ocurrido lo mismo que a tantas otras: solidaridad, tolerancia, hermandad… Llegará un momento en que, posiblemente, haya una parte de la ciudadanía que entienda por ecología justo todo lo contrario de lo que en realidad es. Porque, no nos engañemos, ecología consiste en darle emoción, ética y alma a la vida. Sin todo eso, perdemos nuestras condiciones. Más que seres sintientes, seríamos entes biológicos.
Desde The Ecologist nuestro empeño ha sido, desde el principio, y llevamos ya ocho años publicando la revista, no apuntarnos a lo que sería una versión reformista del mundo actual. ¿Interesaría intentar ir hacia un mundo más limpio sin cambiar los paradigmas que han convertido nuestro planeta en un vertedero de basura orgánica, inorgánica y espiritual? Es más… ¿Es posible seguir viviendo en la Tierra sin atacar esos paradigmas de raíz? Insistimos… No queremos una “reforma” ecologista del mundo actual y seguir teniendo más de lo mismo, pero en “verde”. A saber… No queremos un mundo ecologista pero fláccido. No queremos unas aguas limpias, pero sin alma. No queremos una agricultura “bio”, pero sin pasión. No queremos energías renovables, que den energía a televisión basura, a tecnologías estériles. No anhelamos unas calles limpias para ciudadanos que, al mismo tiempo que se prestan a ahorrar agua al lavarse los dientes, están a favor de la usura, de determinas tecnologías perniciosas, del dogmatismo científico, de la hegemonía occidental en el mundo…
No nos equivoquemos: la ecología profunda no es compatible, en absoluto, ni con todo eso ni con una vida completamente ecológica, pero aséptica. La ecología más legítima, la ecología que huele a sangre y que sabe a lágrimas, es una ecología devocional. Es un postrarse ante la Creación y querer formar parte de ella en absoluta igualdad con los demás seres vivos que la pueblan. Es un sentirse hermano de las piedras, de los planetas y de las nubes. El grano de arena, aislado, es incapaz de cualquier cosa, es demasiado pequeño. Pero, unido al Universo entero, puede protagonizar la única revolución posible, que es, precisamente, formar parte del Todo. Quien forma parte del Todo… no puede dañar ninguna de sus partes.
Edward Goldsmith dice: “La ecología que necesitamos no es la ecología que supone ver la ecosfera de la que dependemos para nuestra supervivencia con distancia y desapego científico. No salvaremos nuestro planeta con una decisión consciente, racional y carente de emociones, ni con la firma de un contrato ecológico con él en base a un análisis de costos y beneficios.
Se necesita un compromiso moral y emocional. Más aún, una de las tareas cruciales de la ecología debe ser reorientar nuestras emociones a fin de que cumplan el papel para el cual fueron diseñadas y contribuyan a la preservación del orden crítico de la ecosfera”. De ese tipo de ecología hablamos en este número monográfico…Como ha dejado escrito E.E. Cummings, “mientras tengamos labios y voces para besar y cantar, ¿a quién le importa si un tuerto mal nacido inventa un aparato para medir la primavera?”.

ECOSOFÍALA ECOLOGÍA PROFUNDA ES UNA ECOSOFÍA QUE SE PODRÍA RESUMIR EN OCHO PUNTOS:

1. El bienestar y el florecimiento de la vida humana y no-humana en la Tierra tienen un valor intrínseco, independientemente de la utilidad que lo no-humano pueda tener para los propósitos humanos.



2. La riqueza y la diversidad de las formas de vida contribuyen a hacer realidad estos valores y son, por tanto, valores en sí mismos.


3. Los seres humanos no tienen derecho a reducir esta riqueza y diversidad, excepto para satisfacer necesidades humanas vitales.


4. El florecimiento de la vida y cultura humanas es compatible con un descenso sustancial de la población humana. El florecimiento de la vida no humana necesita esta disminución.


5. Actualmente la intervención humana en el mundo no-humano es excesiva, y la situación está empeorando rápidamente.


6. Por esta razón, las políticas deben cambiar. Estas políticas afectan a las estructuras básicas de la economía, la tecnología y la ideología. El estado que resulte será profundamente distinto del presente.


7. El cambio ideológico consiste principalmente en apreciar la calidad de la vida, más que buscar incrementar el estándar de vida. Habrá una toma de conciencia profunda de la diferencia entre lo grande (big) y lo importante (great).


8. Aquellos que suscriban estos puntos tienen la obligación de intentar directa o indirectamente realizar los cambios necesarios.