"La mente es cómo un artista, capaz de pintar los mundos. Todo lo percibido surge del mismo funcionamiento de la mente. No hay nada que no surja de ella. Si la gente comprende cómo funciona la mente creando y pintando toda esa clase de mundos, será capaz de percibir a Buda y comprender su verdadera naturaleza."
Avatamsaka Sutra.

TERNURA


















Hace poco leyendo un pequeño libro sobre haikus (verso corto zen japonés) me llegó al corazón un capítulo sobre la ternura.

Un pequeño extracto:
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El espacio para el perdón, la flor inmerecida, la ternura. No es el amor, que canta y ríe y nos quema, el amor que todo lo devasta; es menos fuerte y más dulce, no se le puede hincar el diente, fácilmente queda mermada, fácilmente casi la descuidamos: la ternura. Pero si un día llega a faltarnos, nos ocurre cómo a los pequeñuelos, que nos morimos por ella. El poeta de la ternura es Ryôkan, nacido en 1758, Yamamoto Eizo, llamado Ryôkan, que significa el bueno, el magnánimo.Cómo San Francisco de Asís, en quien a veces nos hace pensar Ryôkan presta atención a los seres más humildes, siente igual ternura por los pajaros, las flores o los insectos. Sus contemporáneos le llamaban afectuosamente Taigu, El gran Tonto. Olvido de sí mismo, paciencia infinita, ternura infinita, sencillez, sabiduría misteriosa. Un ladrón se llevó una noche todos sus bienes; su ropa, un bol de arroz, su cantimplora y su bastón. Y sintió que su visitante no se le había llevado la luna que brillaba con todo su esplendor a través de los cristales:

El ladrón se lo ha llevado todo,
excepto la luna
en la ventana.

El 6 de enero de 1831 en pleno invierno, muere en su cabaña y cabe imaginar que murmura este último haiku:

Viejo el cuerpo
transido de frío
los bambúes bajo la nieve.

Ryôkan, poeta de la ternura, despierta en nosotros un rincón de inocencia desaparecida.

Las mentalidades tristes quizás me censuren por hablar de ternura en vez de compasión. La ternura es una cualidad, la compasión una virtud, sin duda la más elevada del budismo. Las palabras están llenas de trampas. Compasión o ternura, lo que importa es nuestro grado de amor. En nuestra cultura , el termino "compasión" tiene la connotación de algo de severidad, de tristeza; roza la palabra "piedad", que suele añadir desgracia a la desgracia. Ryôkan que llevaba en la frente la marca de la inocencia, manifestó tal atención por los demás, e incluso por los insectos, y por las flores, tanta dulzura ligera en la musicalidad y la caligrafía de sus poemas, tanta alegría serena, que he preferido arbitrariamente emplear con respecto a él la palabra ternura.

agemaki no
mukashi o shinobu
suemire so

Moños de niños
de antaño el recuerdo
las violetas

La gracia de la caligrafía, la musicalidad del poema, la yuxtaposición, no la metáfora, en la estación de la primavera, de niños y flores. ¿No es la palabra ternura la que viene a los labios.

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Y mis preguntas surgieron después de leer el texto...

¿Cuanta ternura hay en mi vida? ¿Cuándo casi me es imposible ser tierno? ¿Por que?