"La mente es cómo un artista, capaz de pintar los mundos. Todo lo percibido surge del mismo funcionamiento de la mente. No hay nada que no surja de ella. Si la gente comprende cómo funciona la mente creando y pintando toda esa clase de mundos, será capaz de percibir a Buda y comprender su verdadera naturaleza."
Avatamsaka Sutra.

DEFENDER LA ALEGRÍA









Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.


Mario Benedetti


Gracias Elisabeth

RECETAS VEGETARIANAS



Blog con cientos de suculentas recetas vegetarianas para disfrutar de una comida menos violenta. Más cariño y paz en nuestra barriguita:


COCINA DELOKOS

HAIKUS EN PORTUGUES.



Poesía zen en portugues, en forma de pequeños poemas, "haikus":





UMA FLOR E OUTRAS COISAS SIMPLES

ZEN
















Extracto del libro: LOS MÁS BELLOS CUENTOS ZEN, de Henri Brunel.
Editorial: Los pequeños libros de la Sabiduría.

El Despertar según el Zen surge durante un acontecimiento inesperado, una casualidad, una circunstancia o coincidencia favorable, para las mentes preparadas para acogerlo.
Cómo el ladrón en la "casa vacía": el alma se desembaraza de su "ego".

Una monja estudiaba el Zen día tras día, desde hacía treinta y tres años. Había entrado en el smonasterio como joven novicia a los diecisiete años. Tenía ahora cincuenta. Su vida de fertilidad había terminado. No sentía amargura por ello. Se dedicaba a las ocupaciones cotidianas con paciencia y buen talante. Preparaba el arroz o la cebada, iba mañana y tarde a buscar agua al pozo que había a unos cien metros. A veces la visitaba una nube de melancolía, pero ella la apartaba. Ponía en práctica el zazen con regularidad, meditaba, estudiaba los escritos de los grandes maestros del pasado. Pero nunca había conocido el Satori, la paz inimaginable, que inunda bruscamente el alma asombrada, la risa, la gran risa del Despertar.
Un atardecer, volvía del pozo cuando caía la noche. Observó sin pensar en ello el reflejo de la luna en el agua del cubo. Era un cubo viejo, cuyo fondo había reparado ella con bambú trenzado. Y de repente cedió la compostura y el agua se escapó y al instante desapareció también la luna con el agua del viejo cubo. En aquel preciso instante, ella conoció el Satori. Fue libre.

El Zen es una experiencia íntima que permite unir lo visible y lo invisible, lo relativo y lo absoluto, lo que pasa y lo que permanece. No es ni el bien ni el mal, ni el sí ni el no, ni el vacío ni lo pleno. "Está más allá del mundo de los contrarios, de un mundo construido por la distinción intelectual" Escribe D.T. Suzuki. Es inaprensible pero cómo toda empresa humana, y en el marco del budismo, tiene sus templos, sus tradiciones, sus ritos, sus códigos y su lenguaje. Si yo, cristiano creo en el valor del Zen en una vida cristiana, es porque el espíritu del Zen no está atado a ninguna religión, a ninguna creencia. Invita tan sólo a una autenticidad mayor, a no atrincherarse en los dogmatismos, a no esclerotizarse en los ritos sin vida. Se constatan sus frutos en los grandes maestros: la sencillez, el desinterés, el espíritu de pobreza, la compasión, el amor, la alegría, el equilibrio y la serenidad (a veces se ha llamado al Zen pero su naturaleza exacta escapa al análisis. El Zen es cómo la luz, ¡ y que decir de la luz, sino que ilumina, transforma, encanta la realidad! Los cuentos, entre otros medios "hábiles" - la pintura, el teatro Nô, el tiro con arco, la ceremonia del té, la arquitectura, los jardines, la poesía (los haikus), el zazen, el silencio...-, es una expresión, una indicación, un camino. "Es el dedo que señala la luna", como dice el proverbio chino (y que en lo que se fijan los tontos es en el dedo). El Zen es una lámpara encendida, un fuego en lo alto de la colina, una consciencia despierta.

¡El ruiseñor!
De cien personas,
¿cuántas lo advierten?