"La mente es cómo un artista, capaz de pintar los mundos. Todo lo percibido surge del mismo funcionamiento de la mente. No hay nada que no surja de ella. Si la gente comprende cómo funciona la mente creando y pintando toda esa clase de mundos, será capaz de percibir a Buda y comprender su verdadera naturaleza."
Avatamsaka Sutra.

Detener, Serenar, Descansar y Curar


La meditación budista tiene dos aspectos: shamatha y vipasana. Tendemos a subrayar la importancia de vipasana, "la observación profunda", porque puede proporcionarnos la clara visión y liberarnos del sufrimiento y las aflicciones. Pero la práctica de shamatha, "detenerse" es fundamental. Si no somos capaces de detenernos, no podremos tener una clara visión.
En los círculos zen se cuenta una historia acerca de un hombre y un caballo. El caballo galopa velozmente, pues por lo visto el hombre que lo monta se dirige a algún lugar importante. Otro hombre al borde del camino le grita: "¡¿Adónde vas?!" y el individuo contesta: "¡No lo sé! ¡Pregúntaselo al caballo!" Ésta es también nuestra historia. Montamos un caballo pero no sabemos adónde vamos ni podemos detenernos. El caballo es la energía de nuestros hábitos, que nos arrastra sin que podamos hacer nada por evitarlo. Siempre estamos corriendo, se ha convertido en una costumbre. Luchamos constantemente, incluso mientras dormimos. Estamos en guerra con nosotros mismos y podemos iniciar fácilmente una guerra contra los demás. Debemos aprender el arte de detenernos, de impedir que nuestros pensamientos, la energía de nuestros hábitos, nuestra falta de atención y las fuertes emociones nos sigan dominando. Cuando surge una emoción como una tormenta no tenemos paz. Encendemos el televisor y después lo apagamos. Cogemos un libro y después lo abandonamos. ¿Cómo podemos detener este estado de agitación? ¿Como podemos detener el miedo, la desesperación , la ira y el dese que sentimos? Podemos lograrlo haciendo la practica de respirar, andar y sonreír conscientemente, observándolo todo a fondo para poder comprenderlo. Cuando somos conscientes y vivimos profundamente el momento presente, los frutos son siempre la comprensión, la aceptación, el amor y el deseo de aliviar el sufrimiento y proporcionar alegría.


La energía de nuestros hábitos nos impulsa a hacer y decir cosas que no queremos. Nos causamos sufrimiento a nosotros y a los demás. Necesitamos la energía de la plena conciencia para reconocer y estar atentos a la energía de nuestros hábitos y detener este curso de destrucción. Cuando somos conscientes, somos capaces de reconocer la energía de nuestros hábitos en el momento en el que se manifiesta. "¡Hola, energía de mis hábitos, se que estás ahí!" Si nos limitamos a sonreírle, perderá gran parte de su fuerza. La consciencia es la energía que nos permite reconocer y abrazar la energía de nuestros hábitos e impedir que nos domine.


Cuando experimentamos una fuerte emoción, sabemos que puede ser peligroso actuar, pero no tenemos la fuerza ni la claridad suficientes para evitar hacerlo. Debemos aprender el arte de inspirar y espirar, de detener nuestras actividades y serenar nuestras emociones. Debemos aprender a ser sólidos y estables como un roble, sin dejarnos arrastrar de un lugar a otro por la tormenta. Buda enseñó muchas técnicas para serenar el cuerpo y la mente, y observarlos profundamente. Pueden resumirse en cinco etapas:

  1. Reconocer: Si estamos enfadados, decimos "se que estoy lleno de ira".
  2. Aceptar: Cuando estamos enojados, no lo negamos. Aceptamos lo que sentimos.
  3. Abrazar: Sostenemos la ira en nuestros brazos igual que lo haría una madre con su bebé cuando llora. Nuestra consciencia abraza la emoción, y este hecho por si solo calma ya nuestra ira y a nosotros mismos.
  4. Observar profundamente: Cuando nos hemos calmado lo suficiente podemos observar profundamente para comprender qué es lo que ha provocado la ira, qué es lo que ha incomodado a nuestro bebé.
  5. Obtener una clara visión: el fruto de observar profundamente es llegar a comprender las numerosas causas y condiciones, primarias y secundarias, que han provocado nuestra ira y que están haciendo llorar a nuestro bebé. Quizá tiene hambre, o el imperdible del pañal se le está clavando en su piel. Nuestra ira se ha desencadenado cuando nuestro amigo nos ha hablado cruelmente y de repente recordamos que hoy no tiene un buen día porque su padre se está muriendo. Reflexionamos de este modo hasta obtener una cierta visión de qué es lo que ha estado causando nuestro sufrimiento. Gracias a esta visión sabremos que debemos o no hacer para cambiar la situación.
Extracto editado del libro: 
El corazón de las enseñanzas de Buda. 
Thich Nhat Hanh. Ed. Oniro.