"La mente es cómo un artista, capaz de pintar los mundos. Todo lo percibido surge del mismo funcionamiento de la mente. No hay nada que no surja de ella. Si la gente comprende cómo funciona la mente creando y pintando toda esa clase de mundos, será capaz de percibir a Buda y comprender su verdadera naturaleza."
Avatamsaka Sutra.

LA PRÁCTICA DEL SOLTAR

Puedes alcanzar la felicidad soltando…, soltando incluso tus ideas sobre la felicidad. Quizás creas que para ser feliz debes cumplir determinados requisitos, pero, si observas profundamente, descubrirás que son precisamente esas mismas nociones las que te impiden alcanzar la felicidad y acaban haciéndote sufrir.

 Un buen día, el Buda estaba sentado en el bosque con algunos monjes. Acababan de comer y, cuando estaban a punto de empezar una charla sobre el Dharma (enseñanzas), se les acercó un pastor preguntándoles: “¿Habéis visto, venerables monjes pasar por aquí a mis vacas? Tengo doce vacas y todas ellas se han escapado. Este año, una plaga de insectos ha devorado el par de hectáreas de sésamo que tengo plantadas. No puedo seguir viviendo así. Creo que voy a suicidarme.” Sintiendo una gran compasión hacia ese hombre, el Buda dijo entonces: “Lo siento, amigo mío, pero no hemos visto pasar por aquí a tus vacas.” 

Y cuando el pastor se alejaba, añadió dirigiéndose a sus monjes: “¿Sabéis monjes, porque sois felices? Porque no tenéis vacas que perder.” Quisiera deciros, amigos míos, que si tuvieseis vacas, os identificaríais con ellas. Creéis que las vacas son esenciales para vuestra felicidad, pero apenas practicáis profundamente, os dais cuenta de que son esas mismas vacas las que os hacen infelices. El secreto de la felicidad consiste en aprender a soltar vuestras vacas.

Te aseguro que, cuando sueltes a tus vacas (sean éstas lo que fueren), experimentarás la felicidad, porque la felicidad deriva de la libertad. El Buda enseñó que la alegría y el placer se basan en la entrega, en aprender a soltar. “Soltar” es una práctica muy poderosa. ¿Has aprendido ya a soltar? Porque lo cierto es que, mientras permanezcas aferrado a algo, seguirás sufriendo.

Debes tener el valor de ejercitar el soltar. Debes desarrollar un nuevo hábito, el hábito de realizar la libertad. Debes reconocer cuáles son tus vacas y ver en ellas las cadenas que te esclavizan. Debes aprender, como hicieron el Buda y sus monjes , a soltar tus vacas. Es la energía de la atención plena la que te ayuda a identificar tus vacas y a llamarlas por su verdadero nombre.

Sonríe, relájate.

No dudes, cuando una idea te haga sufrir, en desembarazarte de ella…, incluso (o quizás especialmente) cuando se trate de una idea relativa a tu propia felicidad. Cada nación y hasta cada persona tiene una visión diferente de la felicidad. Hay países en los que la gente cree que para alcanzar la felicidad es necesario asumir una determinada ideología. Quieren que todo el mundo corrobore su visión de la felicidad y no dudan en encarcelar o desterrar a quienes disientan a campos de trabajo. Resulta paradójico que, en nombre de  una determinada idea de la felicidad, se generen cincuenta o sesenta años de sufrimiento.
Uno también puede acabar preso de su idea de felicidad. Aunque son muchos los caminos que conducen a la felicidad, hay quienes sólo creen en uno. Y no creen siquiera en tal caso, en la posibilidad de otros caminos porque consideran que el suyo es el único que conduce a la felicidad. De ese modo, sin embargo, acaban encerrándose en un camino y negando el acceso a miles de otros.
Debes ser libre para experimentar la felicidad que aparece sin necesidad siquiera de buscarla. La felicidad brota de la libertad. Mira la luna. Observa cómo se desplaza libremente por el cielo y date cuenta de la belleza y felicidad que de ella se derivan. Estoy convencido de que, en ausencia de libertad la felicidad resulta imposible. Si eres una mujer o un hombre libre, disfrutarás de la felicidad, pero si eres un esclavo, aunque sólo seas esclavo de una idea, te resultará muy difícil alcanzar la felicidad. Por ello debes cultivar la libertad, incluida, claro está, la libertad de tus ideas y tus creencias. No es fácil renunciar a nuestras ideas y menos fácil es abandonarlas.
El conflicto y el sufrimiento se derivan con excesiva frecuencia, de nuestra negativa a abandonar los conceptos y las ideas que tenemos de las cosas. Esto es algo que ocurre de continuo en la relación entre padres e hijos o entre los miembros de una pareja. Es muy importante aprender a abandonar las ideas que tenemos de las cosas. El ejercicio de soltar fortalece la libertad. Son muchos los casos en los que, si prestamos atención, acabamos descubriendo que nuestro sufrimiento se asienta en la identificación con un concepto. ¿Somos lo suficientemente inteligentes como para renunciar a esa idea?


Me sosiego y suelto.

Y, después de soltar, la victoria es mía.
Sonrío. Soy libre.

El Dharma del Buda es radical. Incluye medidas radicales para sanar y transformar la situación presente. Las personas se hacen monjas o monjes cuando se dan cuenta de lo preciosa que es la libertad. El Buda no necesitó cuenta corriente ni hogar. En su época, las posesiones de los monjes y las monjas se limitaban a la ropa con la que se vestían y el cuenco con el que recogían limosnas. La libertad es extraordinariamente importante. No debemos sacrificarla por nada, porque en su ausencia, la felicidad es imposible.



Extracto del libro: 
ESTÁS AQUÍ. La magia del momento presente. Thich Nhat Hanh. Ed. Kairós.